“¿Y cómo me va a hacer caso el faraón, si yo soy tan torpe para hablar?” (Éxodo 6: 12).

Tras leer detenidamente la Review, su corazón se llenó de un gozo inefable cuando sus ojos se posaron sobre el escueto pero impactante anuncio: “Se busca un voluntario que sirva como jefe de carpa en el campestre de Texas. Los interesados, por favor, escriban al pastor R. M. Kilgore”. Mientras leía el anuncio, una estampida de preguntas asaltó su mente: “¿Será esta mi oportunidad para servir al Señor en su causa? ¿Me convendría dejar mi trabajo e irme de voluntario a un lugar desconocido? ¿Valdría la pena contactar al pastor Kilgore?”. De hecho, este joven aún no había olvidado aquel día en que había solicitado trabajar como pastor en Iowa y la junta de la Asociación lo rechazó debido a sus graves limitaciones para hablar con propiedad. Su deficiencia era tan evidente que la primera vez que predicó un sermón en público no pudo hablar ni siquiera quince minutos.

No obstante, con la seguridad de que Dios se haría cargo no solo de sus dudas sino también de sus necesidades, decidió contactar al pastor Kilgore. Lo más sorprendente es que no lo hizo a través de una carta. Lo que hizo puso de manifiesto la determinación y la firmeza que lo caracterizarían a lo largo de su ministerio: se levantó, compró un pasaje y emprendió el viaje para encontrarse personalmente con el hermano Kilgore.

Cuando se entrevistó con Kilgore, con toda franqueza le dijo: “Pastor, como usted habrá notado, tengo problemas para hablar. Sin embargo, estoy seguro de que el Señor quiere que yo trabaje en su obra, y estoy dispuesto a hacer todo lo que usted me diga que haga”. La respuesta de Kilgore le confirmó al joven su llamamiento: “No hay un mejor lugar para aprender que trabajar en un campestre”, y luego agregó: “Aquí tendrás buenas oportunidades para predicar”.

Este joven tenía las mismas limitaciones que tuvo Moisés: era torpe para hablar. Sin embargo, varios de los discursos que mayor influencia han tenido en el devenir de la humanidad, salieron de los labios  de Moisés.  Dios puede tomar una debilidad y convertirla en una gran fortaleza. No importa cuán limitadas sean tus habilidades, lo cierto es que Dios siempre te dará la oportunidad de ser útil en su causa. No te desanimes.

#elDiosdelasOportunidades

Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2016
“Visita mi Muro, 366 Mensajes que Inspiran”
Por: J. Vladimir Polanco






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